04/02/2025
Los conejos son criaturas adorables, conocidas por muchas características entrañables: sus largas orejas, su suave pelaje, su constante masticar y, por supuesto, el incesante temblor de su nariz y hocico. Esta peculiaridad es tan distintiva que a menudo nos preguntamos por qué ocurre. Si bien la ciencia ofrece explicaciones sobre su agudo sentido del olfato y la necesidad de captar el máximo de información del ambiente, las culturas ancestrales a menudo guardan sus propias historias, cuentos que, a través de la fábula y la enseñanza, explican los misterios del mundo natural. Uno de estos fascinantes relatos proviene de la rica tradición oral del pueblo Wayúu en la región de la Guajira, donde se cuenta la historia de un conejo particularmente astuto y un viejo mapurite, cuyo encuentro en el camino dio origen, según la leyenda, a la característica más reconocible del hocico de estos pequeños mamíferos.

Este cuento no es solo una explicación mítica; es una ventana a un tiempo pasado, un tiempo en que, según los ancianos, los animales poseían cualidades humanas, hablaban, sentían y actuaban con intenciones y personalidades bien definidas. En aquella época, el mapurite no era solo un animal más, sino un respetado curandero, poseedor de saberes ancestrales y la capacidad de sanar males del cuerpo y del espíritu, una figura esencial en la vida de la comunidad animal.

Los Protagonistas: El Sabio Curandero y el Viajero Ingenioso
En el corazón de esta historia encontramos a dos personajes centrales. Por un lado, el mapurite, presentado como un viejo y experimentado curandero. Su reputación lo precedía, siendo considerado el mejor sanador de su tiempo. A pesar de su sabiduría y habilidad, el cuento lo describe con una particularidad física: ojos muy pequeños que le dificultaban la vista. Esta característica jugará un papel crucial en los eventos que se desarrollarán.
Por otro lado, tenemos al conejo. En este relato, el conejo no es la criatura tímida y asustadiza que a menudo imaginamos. Aquí se le retrata como un ser viajero, que va “de aquí para allá”, sin un destino fijo más que aquel al que lo lleve el camino. Lo más notable de su personalidad es su astucia y su ingenio. No es un animal que se conforme con lo que tiene; es proactivo, curioso y, sobre todo, con una chispa de picardía que lo impulsa a buscar el propio beneficio, incluso a costa de los demás.
El cuento nos sitúa en un día particular en que el mapurite, cumpliendo con su oficio, emprende un viaje importante. Su destino es Riohacha, donde un enfermo necesita su ayuda para expulsar un “mal espíritu” alojado en sus pulmones, que le causa tos y dolor. Era un viaje con un propósito noble y urgente, un viaje que lo llevaba de este a oeste a través de los paisajes de la Guajira.
El Primer Encuentro y la Prueba de Astucia
Mientras el mapurite caminaba con su paso pausado pero decidido hacia occidente, se encontró en el camino con el conejo, que venía en dirección contraria, de oeste a este, dirigiéndose hacia el Jorrottuy. El saludo inicial fue cordial, una pregunta sobre el destino y la prisa del otro. El mapurite explicó su misión, mientras que el conejo respondió con la despreocupación de quien se deja llevar por el rumbo.
Fue en este primer encuentro donde la naturaleza curiosa y aprovechada del conejo se manifestó. Con la excusa de entretenerse en el camino, le preguntó al viejo curandero si tenía un poco de tabaco para mascar. El mapurite, generoso y sin sospechar nada, metió la mano en su bolso y le ofreció un tabaco considerable. Tras despedirse, cada uno siguió su camino. El mapurite, con su vista limitada, no notó nada extraño. El conejo, por su parte, se fue contento con su botín.
La Repetición del Engaño: Tres Veces Cae el Curandero
Pero la astucia del conejo no se limitaba a pedir. Dando una vuelta rápida detrás de una loma, regresó al mismo camino, adelantándose al mapurite. Cambiando su voz para sonar diferente, se presentó de nuevo ante el viejo curandero. La escena se repitió: el saludo, la pregunta sobre el destino, la respuesta del mapurite sobre su viaje a Riohacha. El conejo, actuando como si fuera otro viajero, preguntó si el mapurite se había encontrado con alguien en el camino. El viejo curandero, recordando su encuentro anterior, mencionó al conejo que iba en la misma dirección que su nuevo interlocutor.
Aprovechando la situación, el conejo (disfrazado por su cambio de voz) expresó su deseo de alcanzar a ese conejo para tener compañía y, acto seguido, formuló la misma pregunta: ¿tendría un tabaco para regalarle? El mapurite, de nuevo, sin reconocer la treta debido a su vista deficiente, volvió a ser generoso y le entregó otro tabaco. Y así, el conejo se fue nuevamente, con dos tabacos en su poder.
La audacia del conejo no tenía límites. Una vez más, con unos pocos saltos, dio la vuelta a otra loma y se colocó por tercera vez delante del mapurite. En esta ocasión, elevó el nivel de su actuación, imitando la voz temblorosa de un anciano. Se presentó como un viejo achacoso que quería recordar tiempos pasados, sabiendo que esto apelaría al sentimiento y la disposición a conversar del viejo curandero. El mapurite, conmovido y contento por la oportunidad de hablar de su juventud, se esforzó por ver a su interlocutor, pero sus pequeños ojos apenas le permitían distinguirlo.
Sin perder tiempo, el conejo hizo su tercera petición de tabaco. El mapurite, complacido por la conversación y ajeno al engaño, le regaló un tercer tabaco. Con tres valiosos tabacos en su poder, el conejo se marchó corriendo, satisfecho con el éxito de su astucia. El mapurite, ajeno a haber sido burlado, continuó su camino hacia Riohacha, pensando en la tarea que tenía por delante.

La Realización y la Venganza del Mapurite
Al llegar a Riohacha, el mapurite se preparaba para atender a su enfermo. Buscó en su bolso los tabacos que necesitaba para realizar sus masajes curativos, una parte esencial de su tratamiento. Fue en ese momento, al encontrar su bolsa vacía de tabaco, cuando la dura realidad se hizo evidente. Recordó sus encuentros en el camino, las preguntas idénticas, las peticiones de tabaco... y la verdad lo golpeó: el conejo, con su habilidad para cambiar la voz y aprovechar su mala vista, lo había engañado tres veces, robándole su tabaco medicinal.
La indignación invadió al viejo curandero. Un ser tan respetado como él, burlado por un simple conejo. Decidido a no dejar pasar semejante afrenta, el mapurite concibió un plan de venganza. Utilizando su conocimiento de las plantas y sustancias, preparó un tabaco mágico muy particular. En un mortero, molió ají picante, extrajo resina de pringamoza (una planta conocida por causar irritación), añadió zumo de tabaco concentrado y, para darle un toque personal y potente, un chorrito de su propio pipí. Batió la mezcla con fuerza hasta obtener una sustancia homogénea y potente.
Con esta mezcla vengativa, el mapurite elaboró dos cigarros especiales y los guardó en su bolso, esperando la oportunidad de encontrarse nuevamente con el conejo que lo había humillado.
El Encuentro Final y el Efecto del Tabaco Mágico
El destino quiso que, al regresar a su casa por el mismo camino, el mapurite se encontrara de nuevo con el conejo en el mismo lugar donde se habían visto por primera vez. El conejo, despreocupado y quizás esperando repetir su jugada, saludó al viejo curandero con familiaridad y, fiel a su costumbre, le pidió otro tabaco.
Esta vez, el mapurite sonrió internamente. La oportunidad de su venganza había llegado. Con aparente amabilidad, le respondió que con gusto le regalaría uno, mencionando que había comprado unos muy buenos en Riohacha. Le entregó los dos cigarros que había preparado con su potente menjunje. El conejo, sin sospechar nada, tomó los cigarros con alegría y el mapurite siguió su camino, paso a paso, de vuelta a casa, sabiendo lo que estaba a punto de ocurrir.
El conejo, contento con su nuevo tabaco, comenzó a fumarlo. Chupaba y chupaba, disfrutando inicialmente del aroma. Pero pronto, algo inusual empezó a sentir. Un mareo ligero, seguido de una sensación extraña en la nariz y la boca. Era como si miles de hormigas le picaran en la nariz, como si le hicieran cosquillas intensas. Al principio, intentó ignorarlo, siguió fumando y escupiendo el humo. Pero la sensación no desaparecía; se intensificaba. Su hocico comenzó a hincharse y, lo más extraño, su nariz empezó a moverse rapidito, de forma involuntaria, sin que él pudiera controlarlo.
Asustado por esta reacción inesperada y desagradable, el conejo arrojó el tabaco mágico. Se frotó la nariz con desesperación, intentando aliviar la picazón y detener el movimiento. Estornudó con fuerza, esperando que eso resolviera el problema. Pero nada funcionó. La nariz seguía húmeda, rosada e incontrolablemente temblorosa. El potente menjunje del mapurite había surtido un efecto permanente.
La Herencia del Tabaco Mágico
Y así, según la tradición oral de la gente de la Guajira, se explica por qué la nariz de los conejos tiembla sin parar. Cuentan que desde aquel día, la picazón y la sensación causada por el tabaco mágico del mapurite se quedaron en el hocico de aquel conejo, y que esta característica se transmitió a todos sus descendientes. Es por eso que, incluso hoy en día, vemos a los conejos con su nariz en constante movimiento, como un recordatorio viviente de la astucia de su ancestro y la ingeniosa venganza del viejo curanderomapurite.
Preguntas Frecuentes sobre el Cuento del Conejo y el Mapurite
- ¿Por qué se mueve la nariz de los conejos según este cuento?
- Según el cuento, la nariz de los conejos se mueve sin parar desde que un conejo astuto fue engañado por un mapurite con un tabaco mágico que le causó una picazón y movimiento incontrolable en el hocico. Esta característica se heredó a todos los conejos.
- ¿Quién era el mapurite en la historia?
- En este cuento guajiro, el mapurite era un respetado curandero en un tiempo en que los animales actuaban como personas. Era conocido por sus habilidades sanadoras, aunque tenía problemas de visión debido a sus ojos pequeños.
- ¿Cómo engañó el conejo al mapurite?
- El conejo engañó al mapurite tres veces pidiéndole tabaco. Después de cada encuentro, el conejo se adelantaba al mapurite dando la vuelta a una loma y cambiaba su voz para no ser reconocido, aprovechando la mala vista del viejo curandero.
- ¿Qué hizo el mapurite para vengarse?
- El mapurite, al darse cuenta del engaño, preparó un tabaco mágico especial mezclando ají picante, resina de pringamoza, zumo de tabaco y un chorrito de su pipí. Le dio este tabaco al conejo en un encuentro posterior, lo que causó el movimiento permanente de su nariz.
- ¿Es este cuento una explicación científica del movimiento de la nariz del conejo?
- No, este cuento es un relato tradicional del pueblo Wayúu, una explicación mítica o fabulada que forma parte de su rica tradición oral para dar sentido a las características del mundo natural. La explicación científica involucra el uso del olfato del conejo.
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