Los Conejos de la Carta a París

17/10/2018

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Imaginen recibir una carta de Buenos Aires mientras disfrutan de París. Una carta que no solo relata las novedades, sino que confiesa un secreto tan insólito como perturbador: el remitente, cuidando de su departamento, ha comenzado a vomitar conejitos. Esta es la extraña premisa de uno de los cuentos más recordados del libro «Bestiario» de Julio Cortázar, donde lo fantástico irrumpe en lo cotidiano de la manera más inesperada. El narrador, en una misiva dirigida a una tal Andrée, desvela este peculiar y creciente problema que lo agobia.

El escenario es un departamento en la calle Suipacha, en Buenos Aires, un lugar que, según la descripción, se encuentra en un estado de perfecto orden. El narrador confiesa sentir una especie de vergüenza o pudor al alterar siquiera los elementos más pequeños de este espacio ajeno. Sin embargo, este escrúpulo por mantener el orden se ve completamente trastocado por un problema que él describe como más bien «físico».

¿De qué trata el cuento Bestiario de Julio Cortazar?
Un grupo de personas trabaja en una granja, lejos del pueblo, en el cuidado de las mancuspias, unos extraños animales (inexistentes en la vida real) los cuales transmiten enfermedades cerebrales y a los que mantienen en jaulas.
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El Comienzo de una Peculiaridad

El corazón de la confesión reside en el hecho de que el narrador vomita conejitos. Este suceso, aunque para el lector resulta totalmente ajeno a la realidad, es presentado por el personaje con una naturalidad desconcertante. Él mismo lo considera tan natural que, al principio, incluso tenía previsto un espacio para estos inesperados huéspedes: un rincón en el balcón donde les colocaba comida. Esto sugiere que, al menos inicialmente, la aparición de los conejitos no era vista como una catástrofe inmanejable, sino como una extraña condición que requería cierta adaptación.

Sin embargo, la situación pronto escalaría. Al mudarse a este departamento prestado, la frecuencia del vómito de conejitos aumentó. Ya no era un evento esporádico, sino que ocurría cada uno o dos días. Esta regularidad transformó la peculiaridad inicial en un problema logístico y emocional de grandes dimensiones para el narrador.

Un Secreto que Crece en el Clóset

Con la llegada constante de nuevos conejitos, el narrador se enfrenta a la urgente necesidad de qué hacer con ellos y, crucialmente, cómo ocultarlos. El departamento no es suyo, y hay una empleada doméstica, llamada Sara, que trabaja en él. Sara cree que el narrador desconfía de su honradez, lo que añade una capa de tensión a la situación. La presencia de los conejitos no solo desordenaría el inmaculado departamento, sino que también podría generar malentendidos o revelar el inconfesable secreto.

La solución que encuentra el narrador es encerrar a los conejitos en el clóset del dormitorio durante el día. Esta medida, desesperada y temporal, les permite cierta libertad durante la noche. El narrador se queda despierto con ellos, compartiendo el espacio y el tiempo con estas criaturas surgidas de su propio cuerpo. Esta rutina nocturna subraya el aislamiento del narrador y la carga que implica mantener esta extraña situación en secreto. El clóset se convierte en el refugio y la prisión de los conejitos, un espacio confinado que simboliza el intento del narrador de contener lo incontrolable.

La Transformación de los Conejitos

Al principio, los conejitos son descritos como hermosos y tranquilos. Esta belleza inicial hace que para el narrador sea imposible considerar la idea de matarlos. Hay una ternura, quizás, o una fascinación por estas criaturas que son, al fin y al cabo, parte de él. Los cuida, les da comida, comparte su espacio nocturno. La imposibilidad de acabar con ellos demuestra un apego o una incapacidad para repudiar esta extraña manifestación de su ser.

Pero el tiempo y el número creciente traen consigo un cambio. Los conejitos dejan de ser hermosos; se vuelven feos. Y lo que es quizás más inquietante, empiezan a tener comportamientos extraños. La tranquilidad inicial da paso a conductas que perturban al narrador, que exceden su capacidad de manejo. Ya no son solo una curiosidad que mantener oculta, sino una presencia desbordante y perturbadora.

El Undécimo Conejito: El Punto de Quiebre

El narrador confiesa que mientras solo eran diez conejitos, la situación, aunque difícil, estaba «perfectamente resuelto el tema». Había encontrado una rutina, un espacio, una forma de coexistir con ellos y ocultarlos. Diez parecía ser el número límite que su precario equilibrio podía soportar.

Sin embargo, la aparición del undécimo conejito rompe ese equilibrio. La llegada de uno más es la gota que colma el vaso. El narrador ya no puede contener la situación. El espacio en el clóset se vuelve insuficiente, el desorden se vuelve inmanejable, la tensión de ocultarlos de Sara se vuelve insoportable. El undécimo conejito simboliza el momento en que lo fantástico y lo incontrolable superan por completo la capacidad del narrador para adaptarse y disimular.

El Desesperado Final

Ante la situación inmanejable, el narrador intenta desesperadamente controlar el caos. Hace todo lo posible por limpiar y reparar los destrozos que los conejitos han causado en el departamento. Es un último esfuerzo por restaurar el orden, por borrar las huellas de la extraña invasión antes de que la dueña, Andrée, regrese.

Finalmente, toma una decisión drástica. Arroja a los conejitos a la calle. Es un acto de desesperación, una liberación violenta de la carga que ha estado soportando. La carta culmina con una imagen impactante y sombría. El narrador imagina que no será difícil para quienes encuentren a los animales «juntar once conejitos salpicados sobre los adoquines». Pero añade una frase escalofriante que deja al lector suspendido: «tal vez ni se fijen en ellos, atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los primeros colegiales».

¿De qué trata el cuento Bestiario de Julio Cortazar?
Un grupo de personas trabaja en una granja, lejos del pueblo, en el cuidado de las mancuspias, unos extraños animales (inexistentes en la vida real) los cuales transmiten enfermedades cerebrales y a los que mantienen en jaulas.

Esta última frase, críptica y perturbadora, sugiere que la aparición de los conejitos culmina en una tragedia mayor, posiblemente la muerte del propio narrador, cuyo cuerpo se suma al macabro paisaje de la calle. La carta, entonces, se convierte en una nota de suicidio o en una explicación póstuma de una muerte ligada intrínsecamente a su extraña condición.

Comparativa: Conejitos Tempranos vs. Tardíos

AspectoConejitos TempranosConejitos Tardíos
Descripción físicaHermososFeos
ComportamientoTranquilosComportamientos extraños
Manejo por el narradorConsiderado manejable (hasta diez)Inmanejable (a partir del undécimo)
Sentimiento del narradorImposible matarlos, cierta aceptación inicialDesesperación, necesidad de ocultar/eliminar

Como se observa, la evolución de los conejitos refleja el deterioro de la situación para el narrador, pasando de una extrañeza tolerable a una pesadilla desbordante.

Preguntas Frecuentes sobre los Conejitos

¿De qué material son los conejitos que vomita el narrador?
El texto no especifica el material. Solo se describen como conejitos, que al principio son hermosos y luego feos, y tienen comportamientos extraños. No se mencionan detalles físicos más allá de su apariencia general y su número.

¿Por qué el narrador vomita conejitos?
El cuento no explica la razón de este fenómeno. Se presenta como un «problema más bien físico» que simplemente le ocurre al narrador. Cortázar no ofrece una explicación lógica o científica para este evento fantástico.

¿Cuántos conejitos llega a tener el narrador?
El narrador menciona que tenía «perfectamente resuelto el tema» mientras solo eran diez. El problema se vuelve insoportable con la aparición del undécimo. Por lo tanto, llega a tener al menos once conejitos antes del desenlace final.

¿Qué le pasa a los conejitos al final del cuento?
Al final, el narrador los arroja a la calle. La última frase sugiere que terminan «salpicados sobre los adoquines», implicando un final violento para ellos.

¿La empleada Sara llega a descubrir a los conejitos?
El texto no lo dice explícitamente. El narrador hace grandes esfuerzos por ocultárselos, encerrándolos en el clóset. No se narra un momento en que Sara los descubra, aunque la tensión de que esto ocurra es constante.

¿Qué significa la frase final sobre «el otro cuerpo»?
La frase «atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto» es ambigua, pero en el contexto del cuento, que culmina con el narrador arrojando a los conejitos y la carta como una posible despedida, se interpreta comúnmente como una referencia al propio cuerpo del narrador, sugiriendo su muerte.

La historia de los conejitos en «Carta a una señorita en París» es un ejemplo magistral del realismo fantástico de Cortázar, donde lo inexplicable irrumpe en la normalidad, llevando al protagonista a una situación límite que revela la fragilidad de su control sobre la realidad y su propia existencia.

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