24/02/2014
La Península Ibérica alberga una rica diversidad de fauna, y entre sus habitantes más emblemáticos se encuentra la liebre. Este lagomorfo, conocido por su velocidad y agilidad, despierta gran interés tanto en naturalistas como en aficionados a la cinegética. Comprender su biología, comportamiento y los periodos regulados para su aprovechamiento es fundamental para una coexistencia respetuosa y sostenible. A lo largo de este artículo, exploraremos las distintas especies presentes en la península, sus características distintivas, su vida en el medio natural y, atendiendo a una de las preguntas más frecuentes, cuándo se establece la temporada para su caza.

Las liebres son animales fascinantes que se han adaptado a una variedad de entornos, desde extensos campos agrícolas hasta zonas de matorral. Su presencia es un indicador de la salud del ecosistema, y su estudio nos proporciona valiosa información sobre el paisaje y las interacciones entre especies. Abordaremos desde su identificación hasta sus complejos patrones reproductivos, desvelando los secretos de este escurridizo habitante de nuestros campos.

Las Especies de Liebre en la Península Ibérica
Aunque a menudo se habla de 'la liebre' de forma genérica, es importante saber que en la Península Ibérica coexisten tres especies principales. La más extendida y representativa es la liebre ibérica o castellana, cuyo nombre científico es Lepus granatensis. Esta especie domina el territorio al sur del río Ebro, abarcando desde Galicia hasta la región de Levante.
Al norte del Ebro, desde Asturias hasta la costa catalana, encontramos a la liebre europea (Lepus europaeus). Esta especie es más conocida a nivel continental y también tiene una presencia significativa en el norte peninsular.
Finalmente, existe una especie que es considerada endémica de la Península Ibérica, la liebre del piornal (Lepus castroviejoi). Su distribución es mucho más restringida, encontrándose específicamente en algunas zonas de la Cordillera Cantábrica. Aunque las tres comparten rasgos generales de la familia de las liebres, presentan diferencias sutiles en tamaño, coloración y hábitat preferido.
Identificación y Características Físicas
La liebre ibérica, objeto principal de nuestro análisis, es un lagomorfo de tamaño medio. Su peso habitual oscila entre los 2 y 2,5 kilogramos, aunque es posible encontrar ejemplares que superen los tres kilos. Su pelaje en el dorso presenta un característico color pardo amarillento, que le proporciona un excelente camuflaje en su entorno, mientras que la zona ventral es de color blanco.
Una de sus características morfológicas más destacadas es el notable desarrollo de sus patas traseras. Estas potentes extremidades son clave para su capacidad de alcanzar grandes velocidades y realizar rápidos cambios de dirección, una habilidad esencial para evadir a los depredadores. Otro rasgo distintivo son sus orejas, que son largas y prominentes, terminando en una mancha de color negro en sus extremos. Estas orejas no solo le confieren un oído excepcional, sino que también son importantes para la termorregulación.
Determinar la edad o el sexo de una liebre puede ser un desafío, especialmente en animales vivos en libertad. En ejemplares muertos, existen métodos más fiables como pesar el cristalino del ojo o medir las líneas de crecimiento de la mandíbula. En animales vivos, solo es posible estimar la edad si son muy jóvenes, buscando un abultamiento en el cúbito, indicativo de osificación incompleta, aunque esta técnica tiene un margen de error considerable.
El sexado en libertad es aún más complicado, basándose en sutiles diferencias en la forma de la cabeza o el comportamiento durante la carrera. Con el animal en mano, la identificación del sexo es más precisa. En machos reproductores, los testículos son visibles externamente. En otros casos, una suave presión en el área genital puede revelar el pene en el macho o la hendidura vulvar en la hembra.
Hábitat y Distribución
El hábitat preferido de la liebre ibérica son los campos abiertos. Se adapta muy bien a diversos terrenos agrícolas, como cultivos de cereal, viñedos, campos de alfalfa y otras leguminosas, olivares y plantaciones de frutales. Los pastizales, tanto naturales como artificiales para ganado, son también zonas de gran interés para ellas, ya que les proporcionan alimento.
Además de las áreas de alimentación, las liebres necesitan refugio. Utilizan matorrales diversos, como brezales, jarales o enebros, para esconderse de los depredadores y descansar durante el día. Tienen un conocimiento excepcional del territorio que ocupan, memorizando la localización de "perdederos" o escondites naturales. Curiosamente, asimilan rápidamente la creación de nuevos refugios artificiales, integrándolos en su estrategia de huida.
Alimentación y Hábitos Diurnos/Nocturnos
Las liebres son animales estrictamente herbívoros. Su dieta es muy variada y flexible, adaptándose a la disponibilidad de vegetación en su entorno. Incluyen desde tiernos brotes de hierba y hojas hasta cortezas leñosas en épocas de escasez. La composición exacta de su dieta varía según la estación y el tipo de biotopo en el que se encuentren.
Un aspecto notable de su sistema digestivo, compartido con los conejos, es la práctica de la cecotrofia. Este hábito consiste en la producción de dos tipos de excrementos. Los excrementos duros y claros son eliminados como desecho. Sin embargo, producen otro tipo de excrementos, llamados cecotrofos, que son más oscuros, blandos y recubiertos de mucus. Estos cecotrofos se forman en el ciego y son ingeridos directamente del ano por el animal durante sus periodos de reposo. Al reingerirlos, las liebres obtienen un aprovechamiento máximo de los nutrientes de las células vegetales, incluyendo vitaminas y proteínas producidas por las bacterias del ciego.
En cuanto a sus patrones de actividad, las liebres son fundamentalmente animales nocturnos. Realizan sus desplazamientos más largos, buscan alimento y se aparean durante la noche. Durante el día, su comportamiento característico es permanecer encamada. Esto significa que se tumban sobre el suelo o en un pequeño hueco que excavan ellas mismas, buscando el mayor mimetismo posible con el entorno. Pasan la mayor parte del día inmóviles en esta posición y solo huyen si la amenaza se acerca mucho. Para llegar a su encame, emplean tácticas de despiste, como dar rodeos y realizar saltos laterales, para dificultar que los depredadores sigan su rastro directo.
Contrariamente a la creencia popular, las liebres no son animales estrictamente solitarios. Si la densidad de población es lo suficientemente alta, pueden llegar a comer en grupos. Esta conducta ofrece una ventaja frente a los depredadores, ya que aumenta el tiempo total de vigilancia del grupo, aunque reduzca el tiempo de vigilancia individual por cada animal. Dentro de estos grupos, se establece una jerarquía social, generalmente relacionada con el tamaño de los individuos. Los animales dominantes tienen prioridad en el acceso a las mejores zonas de alimentación, imponiéndose sobre los subordinados mediante amenazas, aunque no se han descrito luchas violentas por la comida.
La reproducción es un aspecto clave en la dinámica poblacional de la liebre. Alcanzan la madurez sexual entre los 7 y 15 meses, dependiendo de cuándo nacieron y las condiciones ambientales. El periodo de celo se inicia a finales de enero, aunque el pico de actividad sexual en las hembras se produce en abril, y en los machos un poco antes, en marzo. La proporción entre sexos suele estar equilibrada.
Durante la época de celo, los machos pueden enfrentarse entre sí para conseguir aparearse con una hembra. El macho dominante persigue y realiza carreras alrededor de la hembra antes del acoplamiento. No se han descrito, sin embargo, luchas territoriales.
La gestación de la liebre dura entre 41 y 42 días. Al final de este periodo, la hembra pare generalmente entre 3 y 4 lebratos por camada, aunque se han registrado partos de hasta 7 u 8 crías. El primer parto del año suele ser el menos numeroso, mientras que el segundo, que ocurre entre abril y mayo, es el más importante para el crecimiento de la población. Se estima que una hembra puede producir entre 7 y 8 descendientes viables al año.
Antes del parto, la hembra prepara una cama protegida, similar a su encame diurno pero más resguardada y acolchada con pelo que se arranca ella misma. A diferencia de los gazapos de conejo, los lebratos nacen precoces: cubiertos de pelo y con los ojos abiertos. Esto significa que están en un estado de desarrollo avanzado y pueden moverse y alimentarse poco después de nacer.
La madre permanece con sus crías aproximadamente una semana. En los últimos días de este periodo, comienza a separarlos, dejándolos escondidos individualmente para reducir el riesgo de que un depredador localice a toda la camada. Continúa acudiendo a amamantarlos hasta el destete, que ocurre unas 4 semanas después del nacimiento. Se han observado periodos de lactancia más largos, especialmente al final de la temporada reproductiva.
Un comportamiento interesante es que, tras la dispersión inicial, los lebratos suelen reunirse al atardecer cerca de su lugar de nacimiento, esperando a la madre. Ella llega aproximadamente una hora después del anochecer, los amamanta durante unos minutos y se va, momento en el cual los lebratos se dispersan de nuevo.
Una liebre adulta sana puede tener entre 3 y 4 partos al año, y las hembras jóvenes y vigorosas pueden llegar a tener hasta 5. La mayor actividad reproductiva se concentra en primavera y principios de verano. La temporada de cría finaliza generalmente con los últimos partos a finales de septiembre.
La Temporada de Caza: ¿Cuándo se Pueden Cazar las Liebres?
La regulación de la caza de la liebre, como la de otras especies cinegéticas, se establece anualmente a través de las órdenes de veda de cada Comunidad Autónoma en España. Sin embargo, existe un patrón general para la temporada de caza de esta especie.
Según la información disponible, el periodo hábil para la caza de la liebre comienza típicamente a principios del mes de octubre. La finalización de la temporada varía dependiendo de la normativa específica de cada acotado y Comunidad Autónoma, pero generalmente se extiende hasta diciembre o enero del año siguiente. Es crucial consultar la orden de veda vigente en la comunidad autónoma y el coto específico donde se desee practicar la caza, ya que pueden existir particularidades en las fechas de apertura y cierre, así como en los días hábiles.
Las modalidades de caza permitidas para la liebre también varían por región. Las más comunes y generalmente autorizadas son la caza en mano o a salto, donde los cazadores recorren el terreno para levantar a las liebres de sus encames. Además, la caza de la liebre con galgo es una modalidad tradicional y muy arraigada, especialmente en las regiones de las dos mesetas y en Andalucía, donde tiene un gran valor cultural y deportivo.
La gestión cinegética de la liebre busca equilibrar el aprovechamiento de la especie con el mantenimiento de poblaciones saludables y viables. Factores como la densidad poblacional, las condiciones climáticas del año, la incidencia de enfermedades y la disponibilidad de hábitat son tenidos en cuenta por las administraciones para fijar los periodos y cupos de caza.
Preguntas Frecuentes sobre la Liebre
¿La liebre es lo mismo que el conejo? No, aunque ambos son lagomorfos y se parecen, son especies distintas (Lepus vs Oryctolagus). Las liebres son más grandes, tienen patas y orejas más largas, nacen precoces (con pelo y ojos abiertos) y no viven en madrigueras coloniales como los conejos, sino en encames superficiales.
¿Cuánto tiempo vive una liebre? La vida media en libertad es relativamente corta debido a la depredación y otros factores, estimándose en pocos años, aunque en condiciones ideales podrían vivir más.
¿Qué depredadores tienen las liebres? Son presa de una amplia variedad de carnívoros, incluyendo zorros, águilas, halcones y, en algunas zonas, lobos. Su principal defensa es su velocidad y camuflaje.
¿Por qué es importante la cecotrofia? Permite a la liebre extraer nutrientes adicionales, especialmente vitaminas producidas por las bacterias intestinales y energía de la fibra vegetal, mejorando la eficiencia de su digestión.
¿Afecta el clima a la reproducción de la liebre? Sí, las condiciones climáticas, especialmente la dureza del invierno y la disponibilidad de alimento posterior, influyen en el inicio y la intensidad del periodo reproductivo.
Comprender el ciclo vital de la liebre y las regulaciones que la conciernen es esencial para cualquier persona interesada en esta magnífica especie. La caza, cuando se practica dentro de los periodos y modalidades permitidas, forma parte de la gestión de las poblaciones cinegéticas, pero siempre debe realizarse con conocimiento y respeto por el animal y su entorno.
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